Justa sexualidad


La tecnología farmacéutica ha dado grandes saltos en cuanto a avances científicos para el bienestar del mundo y ha logrado encontrar la cura de muchas dolencias y enfermedades. Hoy en día solo se necesita una pastilla para aliviar el dolor de cabeza o parar una enfermedad terminal. Sin embargo, la tecnología sobre la sexualidad ha permanecido por debajo de las otras, siendo este uno de los aspectos más intrínsecos de la vida saludable del ser humano. En tal sentido, era necesario buscar la solución a muchas de las enfermedades que afectan tanto al hombre como a la mujer en este mundo cada vez más vanguardista y exigente. 

Sin embargo, el sexo con respecto a la mujer todavía continúa arraigado en el pasado, en ese mundo de cavernícolas y machistas. Hace unos días vi en las noticias la nueva pastillita rosa, es decir, el viagra para la mujer y sinceramente, era ya hora de eso. Lamentablemente, incluso en el siglo XXI las mujeres seguimos siendo menospreciadas en aspectos que no se deberían.

Hay muchas opiniones en contra de esta pastilla pero yo consideró que era ya hora de que algo como esto saliera al mercado. Yo nunca he creído justo el hecho de que los hombres podían tener una pastilla mágica que les permitiera sentir excitación incluso después de que biológicamente no era posible cuando la mujer debía aguantar los sofocos, cambios de humor y muchas otras molestias gracias a la menopausia. Es evidente la preferencia de esta sociedad por quien “domina” en la cama.


Al mismo tiempo, hay cientos de mujeres jóvenes que no podían tener este tipo de reacciones químicas en sus cuerpos y que ahora pueden lograr tener sexo. Creo que es más que justo que las mujeres sean capaces de decidir sobre nuestra vida sexual, decidir si queremos tener hijos o no, si queremos acostarnos con más de una personas, si por otro lado queremos permanecer vírgenes, entre muchas otras cosas. Es tiempo de que el hombre (que no es el sexo fuerte) mire a la mujer como igual cuando se trata del sexo y reconozca que somos tan importantes como ellos.

Yo sinceramente nunca he entendido toda esta riña sobre la pelea de sexos, es decir, tanto hombres y mujeres nos necesitamos unos a otros. Hay tantas mujeres prostitutas como hombres perros, hay tantas mujeres santas como hombres santos, somos definitivamente iguales y ambos géneros podemos hacer lo que el otro puede hacer. Nunca tuvo que haberse creado esa competencia estúpida entre cada uno y es tiempo de que las nuevas generaciones tengan presentes estos cambios que son necesarios. 

La sociedad ve con contrariedad el hecho de que una mujer haya tenido varios compañeros sexuales y le otorgan un sinfín de nombres despectivos, pero cuando el hombre hace lo mismo, a este se le da una corona de laureles. Pero el caso es que ambos son iguales como el hecho de que pueden dañar a las personas que los aman si los engañan o que ambos pueden tener las mismas posibilidades de contraer una enfermedad sexual. Sin embargo, es la mujer la que se lleva el desdeño social. 

Yo siempre he estado en contra de la frase “el hombre espera ser el primero de una mujer, y la mujer espera ser la última”. Es decir, ¿en serio? ¿Por qué no puede ser al revés? Yo no encuentro justo que éste deba ser el caso, pues creo que el hombre tiene las mismas posibilidades de ser feliz con una sola mujer el resto de su vida, así como la mujer es capaz de eso. Al mismo tiempo, creo que la mujer en muchos casos debe experimentar con otras personas para conocer lo que le gusta y disgusta, así como el hombre tiene el mismo derecho de conocer su cuerpo y “perfeccionar” sus técnicas amatorias. 


De este modo, estoy completamente de acuerdo con este proyecto que otorga la posibilidad a la mujer de experimentar el sexo cuando ya no puede hacerlo o que no tenía los medios biológicos y/o químicos para ello. Estoy segura de que esta pastillita rosa hará feliz a muchas mujeres que lo necesitan porque hay que tener en cuenta que el sexo es un aspecto de la vida de TODO ser humano, lo cual implica tanto al género femenino como al masculino. Es tiempo de que las mujeres decidamos qué hacer con nuestras vidas sin importar las normas sexuales, especialmente a esta época de la humanidad.

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